Civilización y armas nucleares
¿Pueden dialogar las civilizaciones? ¿Puede combatirse el terrorismo con armas nucleares?...
En Jena, Hegel creía contemplar el “espíritu de la historia” contemplando desde su ventana la figura de Napoleón, a caballo. En nuestro tiempo, ese mismo “espíritu” quizá pudiera estar encarnado por Ben Laden, en una pantalla de tv; o un general americano, en Bagdad; o un general ruso, en Grozni; o Thasal, en Cisjordania; o un niño/bomba, en Jerusalén.
Cuando el presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad, anuncia la posibilidad de “barrer del mapa” a Israel, recurriendo a una panoplia bien conocida de armas de destrucción masiva (que no tienen porqué ser forzosamente nucleares), quizá esté lanzando inquietantes bravatas: pero su gesticulación reposa, al mismo tiempo, en una fe religiosa muy sólida, arraigada en el mesianismo revolucionario de quienes se creen llamados a propagar militarmente sus ideas, incluso recurriendo al uso de la fuerza armada.
Cuando el presidente francés, Jacques Chirac, anuncia la posibilidad de recurrir al arsenal nuclear estratégico nacional, para disuadir, amenazar o responder a un Estado que pudiera tener la tentación de servirse del terrorismo para amenazar a Francia, Europa, o sus intereses vitales (líneas de abastecimiento energético), quizá también esté abandonándose a una cierta gesticulación; pero, en verdad, deja al descubierto la realidad bien palmaria del miedo y la eventualidad aparente de conflictos de una gravedad devastadora.
Chirac y Ahmadinejad quizá abusen del lenguaje en distinta medida. Pudiera reprocharse a Chirac -como hacen muchos analistas, en Washington y Berlín- un tono “apocalíptico”, mal adaptado como respuesta a unas amenas de naturaleza muy diversa. Ahmadinejad es un sofista de especie mucho más peligrosa: puede servirse del proyecto de Alianza de civilizaciones avanzado por el gobierno español para insistir en la “buena voluntad” de Teherán, sirviéndose de los púlpitos que Madrid ofrece en bandeja a los clérigos iraníes; y, al mismo tiempo, puede invitar a las juventudes musulmanas a inmolarse y ganar el paraíso islámico, como bombas humanas, precipitándose contra un autobús, en Tel Aviv.
La más alta poesía lírica, San Juan, Hallaj o los autores de los Salmos, ofrece un asidero a nuestras almas en pena purificando la lengua de la tribu (Joyce / Rimbaud). Desde esa óptica, la gesticulación chiraquiana puede percibirse desmesurada o absurda, pero a nadie llama a engaño. Por el contrario, la gesticulación iraní es un instrumento perverso: no solo siembra el odio y avanza un chantaje criminal; también destruye en sus cimientos la posibilidad de cualquier diálogo entre hombres libres.
Referencias
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ACTUALIZACION: Debido a problemas tecnicos hemos perdido el articulo del pasado jueves, por lo que lo volvemos a editar, añadiendo un par de enlaces y de referencias que no pudieron ser incluidas el pasado dia 19.
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Reflexiones de un Modernista — 2006-01-21 12:18:00